Guía de Turismo de Irán

Necropolis de Naghshe Rostam.

Irán es un país especial, un destino único, un territorio inmenso en ese Oriente Medio que siempre ha sido puente de culturas, de gentes a caballo entre África, Asía y Europa. Cuna de la agricultura y de las sociedades complejas, el Irán actual posee vestigios de civilizaciones mesopotámicas e indoiranias milenarias, como Elam, Asiria y Persa. Con el auge del Islam y el desarrollo del comercio entre los continentes gracias a la Ruta de la Seda y a los puertos del Golfo Pérsico, Persia se convierte en una de las puertas de Oriente. Más tarde, mitificada e idealizada Persia será un sueño para los primeros viajeros y turistas del siglo XIX y XX. Isfahán, Shiraz o Tabriz son nombres que sugieren el perfume de las especias, el rumor suave de la seda tejida o las puestas de sol donde los minaretes y las mezquitas de azulejos brillan entre el ajetreo de los zocos y las miradas furtivas de los harenes.

Este pasado orientalista ya no existía hace cien años, pero incluso ahora Irán conserva una parte de esos aromas y sensaciones. Sin embargo, su patrimonio inconmensurable y la amabilidad secular de su población han quedado fuera del alcance de los viajeros en los últimos 35 años. La revolución Islámica en 1979 derribó la dictadura del Shah de Persia substituyéndola por un régimen teocrático donde la religión ha sido el elemento central de la sociedad. Antes y después, los conflictos políticos han agitado la región provocando guerras terribles como la que enfrentó a Irán con Irak en los años 80, junto a litigios más o menos larvados, con Estados Unidos, Israel, Afganistán, Siria o Arabia Saudí. Las sanciones económicas de los últimos años contra Irán a causa del litigio nuclear, la crisis económica mundial, los vaivenes del precio del petróleo, la guerra en Afganistán, en Siria e Irak han afectado al país.

No obstante, y quizá por todo ello, recientemente el régimen de Teherán ha liberalizado un poco su política, abriéndose más al comercio y el turismo. Los acuerdos entre la ONU e Irán sobre el problema nuclear han sido fundamentales para que se suavizasen las sanciones económicas y la apertura fuese posible. Hoy, Irán desea atraer a los turistas, mostrándose al mundo, mostrando las particularidades de su sociedad y mejorando una imagen muchas veces simplificada. Con todo, no hay que olvidar que Irán es un país especial dado su régimen religioso. Así el viajero que desee acercarse a la magnífica Persia debe saber que el Irán se aplican códigos vestimentarios y sociales estrictos, sobre todo para las mujeres; que el alcohol está prohibido y que la censura existe.

Puente de Khaju iluminado al final del Ramadan. Shiraz. ©Iñigo Pedrueza.

Al mismo tiempo, la población iraní es mucho menos rígida que sus gobernantes y además las cosas están cambiando, el régimen se abre de cierta manera y los turistas son bienvenidos. Bienvenidos por el gobierno que necesita divisas, bienvenidos por una población tan amable como ávida de contacto con otras gentes venidas de otros lugares. Si Irán no es una democracia tampoco es el país monolítico y ultrareligioso que muchas veces se presenta. Irán posee monumentos, paisajes, geografías alucinantes pero sobre todo posee una población diversa, múltiple en todos los sentidos y extremadamente joven. Ese es su principal bien, millones de personas que desean compartir una cultura que cambia, como la de todo el mundo, pero que aún conserva uno de los valores más importantes, la empatía y calidez de la acogida. Características que estamos olvidando en otros lares.

El crecimiento turístico se apoya en la amabilidad de los iraníes, en la seguridad de la que goza el país y, por supuesto, en su patrimonio natural, cultural, histórico y gastronómico. Los precios no son los más baratos de Asía, sobre todo en los servicios turísticos, aunque hay bastante variación entre las ciudades y los pueblos, los productos fabricados en Irán y los importados. En su contra habrá que recordar que el país comienza a abrirse y, por lo tanto, la infraestructura turística y hotelera es limitada. Esto nos obligará a la flexibilidad y la apertura, pero también nos ofrece un país donde el turismo es nuevo, es decir muy apreciado. A cambio los vuelos internos y los precios en general no son caros.

Así, el viajero que visite Irán debe saber todo esto, y sabiéndolo decidir si es su viaje. Ver para hablar con propiedad, para contar –como en cualquier viaje- lo bueno, lo mejor y lo menos bueno, porque viajar finalmente es también una labor critica y ciudadana.

Los iraníes.

Si continua leyendo, entonces está dispuesto a sumergirse en viaje diferente, a una experiencia donde usted será parte del cambio, elemento de unión entre sus costumbres, sus opiniones y las del los iraníes que va a conocer. Por el momento la población no habla generalmente inglés u otros idiomas, pero la adaptación es rápida y la amabilidad siempre estará presente. El tráfico es ciertamente caótico para nosotros en Teherán, pero los zocos y bazares son bastante más tranquilos para el turista que los de otros países. El transporte es relativamente barato y cómodo, no hay muchos bares, pero los cafés y los restaurantes comienzan a abundar. Los servicios turísticos aparecen y mejoran su calidad a marchas forzadas, gracias al interés y la voluntad de los iraníes. Hoteles con encanto situados en monumentos como los caravanserais ofrecen estancias de ensueño en mitad de parajes de ensueño. Las mejoras económicas se unen a la posibilidad de compartir experiencias y mostrar su país de una forma más amable y abierta. Y parece que tienen éxito ya que la gente que ha viajado a Irán nunca vuelve decepcionada. Siempre se traen una experiencia única, recuerdos especiales y una imagen más justa de un país, dónde como todos, la gente intenta vivir mejor.

Formación rocosa creada por el viento en el desierto de Lut en el sur este de Irán.

Patrimonio en Irán.

Irán cuenta con 21 monumentos o lugares incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Algunos de estos monumentos nos trasladarán al pasado imperial de los Persas, otros al época de la Ruta de la Seda, otros a la civilización de los poetas y científicos musulmanes, siempre mezclando el pasado de esplendor y el presente de esperanza que los iraníes intentan hacer realidad.

Ciudades de Irán.

Las ciudades de Irán nos recuerdan con su nombre leyendas y cuentos orientales, pero hoy son urbes que se modernizan y evolucionan. Y en los últimos años se han restaurado muchos monumentos y muchos más están en obras, con lo que se espera que la oferta partrimonial mejore mucho en en futuro.

Teherán, la capital, no tiene la misma fama que Shiraz o Isfahán, pero cuenta con varios monumentos de interés como varias Mezquitas (Imán Jomeini y Shahid Motahar), la torre Azadi, el Palacio de Golestan o el complejo museístico del Palacio y Jardines Sa’d Abad.

Mezquita rosa de Shiraz. Tan bella como desconocida.

Isfahán y la inmensa plaza de Naghsh-i Jahan o Meidan Emam es uno de los centros turísticos del país. La plaza donde se encuentra la Gran mezquita del Imán, la entrada al Gran Bazar y el palacio de Chehel Sotún es un lugar de encuentro y contemplación. Isfahán está recuperando parte del pasado esplendoroso de la Ruta de la Seda y el turismo provoca cambios en el casco viejo de la ciudad. Junto a los monumentos, también los jardines, los paseos junto al río y otros lugares se van recuperando, haciendo de la ciudades una de las más bonitas de Irán.

Tabriz, es la otra ciudad mítica conocida por los tapices, su Bazar, el Parque Elgoli o la Mezquita Azul.

Shiraz, antigua capital, hoy ciudad de la cultura y el arte en Irán. Varios museos, jardines y monumentos de la talla de su ciudadela cuadrada, su Gran bazar, la Mezquita Rosa (Nasir al-Molk) o la de Vakil y la tumba del poeta Afez refuerzan la imagen de ciudad de arte y cultura. Visita obligada si viajamos a Irán, porque además muy cerca se encuentran yacimientos arqueológicos tan importantes como los de Persépolis, antigua capital del Imperio Persa.

Ruinas de Persépolis, capital del Imperio Persa Aqueménida. Siglo VI a.C ©Iñigo Pedrueza.

En los alrededores de Shiraz se pueden visitar las ciudades persas de Pasagardas con la tumba de Ciro II, el sitio de Naqsh-e Rostam con las tumbas de Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II,o  Bishapur. También muy cerca hay varios caravanserais, postas y almacén donde descansaban las caravanas de la seda; el Castillo de Ardacher I o la estatua de Shapur I.

Si Isfahán, Tabriz y Shiraz son, junto con Teherán, los cuatro destinos turísticos más importantes, el panorama del patrimonio no se termina ahí ni mucho menos. Yadz es otro de los nombres a recordar. Su centro histórico también está incluido en el patrimonio de la UNESCO (Templo de Zoroastro), como las famosas torres de ventilación, gran invento que permitía refrescar el interior de los edificios en el verano.

Visitar Kashan significa recorrer los jardines y mezquitas saváfidas como el Jardín de Fin y la bellísima mezquita de Agha Bozorg

Por su valor arqueológico de la época preislámica hay que destacar el sitio de Choga Zanbil, ciudad sagrada del Reino de Elam; Hamadan (la antigua Ecbatana); la ciudad persa de Pasargadas donde destaca el mausoleo de Ciro II; Tajt-e Soleimán; el mausoleo de Soltaniyeh; Bam y su oasis; el gran sitio de Behistún, ocupado desde la prehistoria hasta la época persa; los sistemas de riego de Shushtar en el Juzestán; los monasterios armenios de Irán en el noroeste del país… El patrimonio arqueológico de Irán es casi inagotable.

Naturaleza.

Irán es inmenso con su 1,6 millones de kilómetros cuadrados ocupa más de tres veces la superficie de España. La población, unos 80 millones de personas, se concentra en la zona occidental y norte, con lo que buena parte del país aún no ha sido modificado ni humanizado. El norte y oeste son las zonas más fértil y de clima menos riguroso. El clima es muy continental con lo que las temperaturas tienden a ser extremas, muy frías en invierno y en las zonas montañosas (que van de noroeste a sureste y que alcanzan los 5000 metros), y muy cálidas en verano y en las zonas desérticas del sur este y oeste.

La geografía es colosal con las montañas inmensas dela cadena de los Zagros -que continúan los montes caucásicos hacia el sur y la de Elburz hacia el este rodeando el mar Caspio-. La cordillera de los Zagros se alarga durante 1500 km creando múltiples microclimas. Uno de los lugares de interés es la Reserva Natural de Margoon conocida por su cascada de más de 70 metros de altura, a unos 100km de Shiraz.

Los montes Elburz se extienden durante 600 km al norte de Teherán y separando la planicie de la capital de la llanura costera del mar Caspio. El pico más alto, el antiguo volcán de Damavand llega a los 5.600 metros. Las cumbres nevadas y la inmensa llanura urbanizada de la capital ofrecen puntos de vista y fotos de bella y contraste indiscutible.

La región de Golestan ocupa la llanura entre los montes Elburz, el mar Caspio y la frontera turkmena y destaca por la belleza de sus paisajes, lo que hacen la visita de Gorgan, su ciudad principal, obligatoria.

Llanuras y altiplanos, desiertos y playas, Irán posee decorados de película de aventuras, panoramas donde enmarcar sus ciudades legendarias. De los montes orientales hasta las costas subtropicales del Caspio y los desiertos del sur y del este, Irán es un resumen Asía, una de sus puertas de entrada y uno de sus crisoles.

Gastronomía.

La gastronomía iraní es lo suficientemente variada como para contentar a todos los viajeros. Mucha verdura, platos de arroz, guisos, carne y muchos aromas y especias de oriente. El azafrán, el pistacho, la flor de azahar, la rosa están presentes en sus platos. El pan es tan especial como en otros países de la zona.

Los dulces son variados y aprovechan la gran cantidad y calidad de frutos secos del país. Los zumos, el yogur y las bebidas aromatizadas suplen al vino y la cerveza prohibidos en Irán.

Artesanía en Irán.

La artesanía iraní es también muy diversa, destacando sus productos en cuero, en cobre y metal esmaltado. De los tapices y alfombras ya poco queda que decir, pero su gran calidad choca con gustos que han evolucionado en los últimos años. Si la industria del tapiz cambiase los motivos y dibujos, las ventas quizá podrían aumentar.

Hay que destacar el trabajo minucioso de la marquetería que recurre muchas veces a los motivos de la poesía de los autores clásicos de Persia.

Actividades y deporte.

Esquiar en Irán, sólo una de las posibilidades.

El senderismo y la escalada son dos de las actividades y deportes que más fácil se pueden practicar en Irán. Dependiendo del destino necesitaremos ciertos permisos o ser acompañados por guías, pero la geografía es tan grande que las rutas son casi inagotables. El montañismo también es posible y con la llegada del turismo se desarrollan los deportes de aventura.

El deporte es popular en Irán pero las limitaciones vestimentarias y los problemas para las mujeres han reducido su influencia. Sin embargo, uno de los que más se desarrolla es el esquí y los deportes de invierno y de montaña. Irán cuenta con varias estaciones de esquí de calidad, algunas muy cerca de la capital, como la de Shemshak y que llegan a los 4000 metros de altura. Esquiar en Irán, uno de los destinos de nieve más exóticos del planeta sin duda, está a su alcance y es más fácil de lo que parece.

Un viaje a Irán, una experiencia.

Bazar de Shiraz. La juventud iraní sonríe y el país cambia y sigue cambiando. ©Iñigo Pedrueza

Irán es un destino especial. Irán es un país desconocido y singular. Irán es un viaje fuera de lo común, con limitaciones y con muchas preguntas que resolver. Por todo ello, viajar a Irán es algo más que ir de vacaciones. Un destino para viajeros más que para turistas, un destino para conocer a otras personas y compartir el viaje más allá de las convenciones y las reglas. Una experiencia que nos lleva a la antigua Persia, al creciente fértil donde nació la civilización, a la Ruta de la Seda. Pero sobre todo, una viaje, a un país joven que está cambiando y donde la mayoría de la gente desea mostrar una imagen positiva, amable y más abierta. Los iraníes nos esperan con los brazos abiertos. Aquí está, quizá la razón de un viaje que no será cualquier viaje.